17.10.11

Don't wanna grow up

Se pierde tanto cuando uno crece. A medida que se desarrolla mi capacidad para pensar
(en idioteces, obviamente, pero pensar en fin), para reflexionar y cuestionar, disminuye mi espontaneidad. Cada día que pasa me cuesta más darme cuenta de qué siento realmente, que sale 100% de mi interior y qué es producto del modelado externo. La sociedad pudre la mente, no te deja ser uno mismo. La repetición y la rutina, de actividades externas y físicas, en fin, provocan que uno se amolde a una forma de pensar, y que sienta que puede predecir sus sentimientos o los de los demás. Se pierde la habilidad de vivir plenamente el momento, siempre se tiene presente el pasado o el futuro, y casi nunca se está involucrado totalmente en algo. Eso no le pasa a un nene. Un nene piensa y hace en su justa medida, porque sigue sus instintos en el momento, no en función de antes o después. Y los excesos nacen de eso, de la obsesión, del pensamiento enfermizo. No son más que un efecto colateral de un intento de mejorar algo. Si uno piensa que alguna conducta (que causa placer momentáneo), le provoca perjuicio posterior, va a tener la intención de dejar de hacerla. Esa conducta queda entonces sobrevalorada, prohibida, y se transforma en un placer mucho más intenso de lo que fácticamente es, y que cuando se lleva a cabo es mucho más difícil de contener. Y nada, es una caca, porque nace de la mente, es contradictorio y contraproducente. Sería tan bueno aprender de un nene de 5 años, no infectar mi ser con malas intenciones, tener esa frescura intacta.

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